Aprendizaje cooperativo, más que una metodología

Aunque nos cueste admitirlo, ser profesor es ser consciente de que nuestro trabajo va, poco a poco, quedando en segundo plano. Si lo hacemos bien, muy bien o excelente llegará un momento en que seamos invisibles. Puede ser una exageración. Puede. Pero es que esta hipérbole me sirve para expresar lo que pienso. La mejor forma de aprender significativamente es cuando lo hacemos por nosotros mismos, cuando el proceso de aprendizaje es nuestro. De ahí que el profesor deba saber acompañar, guiar, orientar.

Muy gráfico. ¿Conoces esa sensación de sentirte agobiado por un dependiente que no deja de seguirte, preguntarte y que no quita su vista de tu nuca? Tú lo que quieres es mirar, rebuscar, disfrutar y descubrir libremente. Pero, a la vez, te gusta que haya alguien para cuando necesites ser ayudado, orientado. Y te gusta que esté cerca.

El profesor ha de saber estar y no estar, a la vez. Ha de conocer las distancias y no irse lejos. Siguiendo metafóricos, podría ser ese intérprete que acompaña en el descubrimiento de un lenguaje nuevo. Esa bicicleta que, primero con ruedas diminutas, se va transformando en función de lo que necesite el ciclista y del clima. O como ese guía de museo nuevo que da sentido a las obras que, de otra forma, miraríamos con extrañeza por vez primera. A mí me encanta que me expliquen un cuadro de Kandinsky. Pero me gusta, también, traspasarlo en soledad y comentarlo en compañía.

¿Cómo, entonces, estar y no estar? ¿Cómo empoderar a los alumnos para que aprendan por sí mismos y valoren su aprendizaje? Pienso que a través del aprendizaje cooperativo. Aprendizaje cooperativo como forma amplia de entender la educación y la vida.

¿Por qué la vida? Porque aprendemos a diario con los demás, junto y gracias a los demás. Bajo la cooperación laten valores fundamentales para la vida, para construir seres humanos íntegros, comprometidos, sensibles y valiosos. La solidaridad, la ayuda mutua, el respeto hacia los demás con sus virtudes y defectos, el compañerismo, la idea de comunidad, el debate enriquecedor,… la magia de compartir. Compartir lo que sabemos, lo que no sabemos, lo que no entendemos, lo que pensamos, lo que puede valer a otros, lo que ayudará a cumplir objetivos comunes, lo que aunará esfuerzos, lo que nos hará fuertes.

Compartimos cuando cooperamos y entendemos realmente que un grupo es más que un conjunto de personas agrupadas físicamente pero desconectadas a otros niveles superiores. Cooperar es una forma de aprender, de trabajar, de disfrutar. El aula es un microcosmos del mundo y, por ello, el aprendizaje cooperativo, más que una metodología educativa, es una manera de vivir y de estar en ese mundo.

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